La política también se deforma
Cuando deja de servir para construir acuerdos, empieza a servir para montar espectáculos.
Eso fue lo que vimos esta semana en León.
La salida de la presidenta municipal del PAN abrió una discusión que, en pocas horas, se volvió pleito, posicionamiento, cálculo político, mensaje para la tribuna y disputa por la narrativa.
La renuncia se hizo pública el 22 de abril y, al día siguiente, el tema ya había escalado al Cabildo, a comunicados partidistas y a reacciones cruzadas sobre gobernabilidad, diálogo y responsabilidades.
Rumbo a 2027: el mismo guion
No tendría por qué sorprender.
Así va a ser la política rumbo a 2027:
- Desacuerdos
- Jaloneos
- Caprichos
- Amagos
- Imposiciones
- Y la idea equivocada de que ceder es perder
Lo preocupante no es que exista el conflicto. La política, por definición, tiene conflicto.
Lo preocupante es que ya casi nadie sabe convertir ese conflicto en acuerdo.
Dos narrativas, una ciudad en medio
De un lado se habló de agravios, cerrazón, falta de diálogo y de un partido que perdió el rumbo.
Del otro, se respondió con apertura, institucionalidad y disposición para hablar.
Dos versiones opuestas.
Dos narrativas cerradas.
Y al centro, una ciudad mirando cómo sus élites se culpan entre sí sin poder resolver siquiera su propia ruptura.
Y apenas estamos empezando.
Señales de lo que viene
Si antes de la campaña formal ya vimos descalificaciones, señalamientos de corrupción y reproches públicos, vale la pena preguntarse qué le espera a León cuando arranque la disputa real por 2027.
En la sesión de Ayuntamiento del 23 de abril aparecieron dos señales claras de lo que viene:
- Defensa automática
- Uso del escándalo como arma
Cuando la política se vuelve espectáculo
Eso es lo que convierte la política en espectáculo.
No el desacuerdo.
No la diferencia.
No la competencia.
El espectáculo empieza cuando:
- La forma le gana al fondo
- Importa más humillar que proponer
- La narrativa pesa más que la solución
León: 450 años… y sin discusión de fondo
León está cumpliendo 450 años en este 2026.
Tendría que estar discutiendo:
- Qué proyecto de ciudad quiere
- Qué visión de seguridad necesita
- Qué agenda de servicios debe priorizar
- Cómo ordenar su crecimiento
- Qué clase política debe decidir su futuro
En lugar de eso, estamos levantando un monumento al desacuerdo.
El libreto ya lo conocemos
La mala noticia es que esto apenas empieza.
La peor es que ya conocemos el libreto:
- Mucho ruido
- Mucha filtración
- Mucho cálculo
- Mucha estrategia
- Mucha herida interna convertida en discurso
Y muy poca propuesta.
Ciudadanos en la butaca
Los ciudadanos, mientras tanto, quedamos como espectadores:
Mirando.
Escuchando.
Tomando nota.
Como si la política fuera una función que aparece cada tres años y no el mecanismo para resolver problemas reales.
La política que debería ser… y la que es
La política no tendría que ser:
- Revancha permanente
- Pleito como método
- Incapacidad de construir acuerdos
Pero eso es justamente lo que hoy exhibe buena parte de la clase dirigente:
No está a la altura del momento.
No porque piense distinto,
sino porque parece haber olvidado para qué sirve la política.
El cierre
Cuando la política olvida su oficio, llega el espectáculo.
Las luces suben.
Los gritos aumentan.
Los bandos se acomodan.
La tribuna aplaude.
Y León…
que debería ser el centro de todo…
termina otra vez como espectadora.






